
Renovar un baño en fases: Capítulo 3: La bañera que ganó la batalla a la ducha italiana
Renovar un baño en fases: Plan soñado: ducha italiana con mampara de cristal. Realidad: ¿con qué dinero, reina? Renovar un baño en fases: Capítulo 3:
El hogar se hace,
se pinta…
y luego se repinta

Renovar un baño en fases: Plan soñado: ducha italiana con mampara de cristal. Realidad: ¿con qué dinero, reina? Renovar un baño en fases: Capítulo 3:

Renovar un baño en fases: porque hasta un mueble puede tener más vidas que yo mudanzas. (y créeme, son unas cuantas) Capítulo 2: El Renacer

Renovar un baño en fases: porque ni mi baño ni yo funcionamos de golpe. Y sí, te lo cuento por capítulos, como debe ser. (porque

Aprende paso a paso cómo hacer Portavelas naturales y artesanales con madera flotante
, de forma creativa, sostenible y así dar nueva vida a la madera.

Descubre cómo renové un mueble de segunda mano con solo 36 €. DIY fácil, materiales eco y resultado digno de baño moderno (o al menos, de Instagram).

Reforma de aseo pequeño sin obras por menos de 200 €. Pintura, reciclaje, y DIY con mucho ingenio y poco presupuesto.
Sí, así fue, me quedé con la bañera original. No porque fuera bonita (no, no lo era), sino porque cambiarla significaba gastar al menos 300 euros más en el plato de ducha, la mampara y la obra. Y eso consiguiendo todo de segunda mano, claro.
Spoiler: mi presupuesto dijo — Ja… jajaja… JAJAJA… no. Ni lo sueñes.
Pero ojo, que quedarse con la bañera no significa resignarse a odiarla. Así que empecé mi plan:
Paso 1: Operación: azulejo fuera.
Adiós azulejos de siempre: demasiados fantasmas atrapados en esas paredes. Cada golpe de martillo parecía un exorcismo al monstruo. Y si lloraban al romperse, era porque sabían que su reinado hortera había terminado. Mientras tanto, yo haciendo cardio nivel martillo.
Lo que no sabía era que la auténtica batalla no era romperlos, sino despegarlos de la cola de agarre de aquella época. Eso sí que era cemento con vocación de eternidad. Cada trozo parecía decirme: “a mí me pones en la fachada de un búnker en pleno bombardeo y tampoco me muevo”.
Y ahí estaba yo, golpeando, sudando y renegando, preguntándome en qué momento pensé que esto iba a ser fácil. Conclusión: subestimé al monstruo… otra vez.
Paso 2: Paneles de madera y un enlucido con carácter.
Después de la demolición, tocaba vestir a la bañera. Porque claro, el plan era simple: que dejara de parecer un ataúd esmaltado de los 70 y se acercara (aunque fuera un poquito) al rollo spa que mi presupuesto no podía pagar.
La solución: paneles de madera, que suenan muy fancy pero en realidad significa medir, cortar y encajar piezas que siempre parecen tener vida propia. El resultado: un frente con textura, cálido, y lo bastante bonito como para distraer la vista de todo lo demás.
Y como no podía dejarlo ahí, añadí un enlucido rústico en la parte baja. No porque sea experta en técnicas de albañilería (spoiler: no lo soy), sino porque disimula irregularidades y da ese aire de “lo hice yo misma y no me importa que se note
Paso 3: Pintura a la cal y barniz protector.
Último toque: pintura a la cal blanca para el enlucido y un barniz Eco satinado para proteger los paneles de madera.
Traducción: resistencia extra contra humedad y salpicones, y un acabado que hace que la bañera parezca mucho más cara de lo que realmente costó (nuevo spoiler: casi nada).
Mi plan soñado era tener una ducha italiana gigante. La realidad fue quedarme con la bañera original y reinventarla. ¿El resultado? Un frente de bañera con carácter, mitad rústico, mitad moderno. Y, sobre todo, la prueba de que no siempre necesitas miles de euros para que algo deje de ser el sarcófago donde dormía Nosferatu y pase a ser un rincón donde hasta apetece encender una vela y relajarte.
Esto no termina aquí… el monstruo sigue escondido entre las paredes y los suelos. Continuará, hasta que consiga exorcitarlo del todo (o me pida derechos de autor por la reforma).
Toda historia de reforma necesita un héroe improbable. En mi caso no fue un carpintero guapo de un programa de bricolaje tipo MacGyver, sino un mueble viejo, estropeado y aburrido que llevaba demasiadas vidas encima y más cambios de look que Madonna en los 90. Ese es el verdadero protagonista de este capítulo.
Porque, aceptémoslo: en toda reforma siempre hay un objeto que parece empeñado en salir en todas las temporadas. En mi caso, este mueble —regalo de mi amiga Luchi— que empezó su historia con aire mexicano marrón natural (tan robusto como cuando llegó a mis manos allá por el año 2000). Después pasó por un gris elefante cuando lo colé en el salón de otra casa. Más tarde acabó en la terraza del jardín, sobreviviendo estoicamente a la intemperie porque básicamente, no tenía sitio dentro.
Cuando ya parecía condenado a morir de humedad y olvido, decidí darle una nueva vida. ¿Cómo? Transformándolo en el mueble del lavabo. Nada menos.
La misión: convertirlo en el soporte perfecto para un lavabo sobre encimera. Fácil en teoría, largo en la práctica. Porque antes de que brillara en negro mate, hubo que lijar, lijar y lijar… hasta que la lijadora decidió comerse su propio cable y casi fundir todos los fusibles de la casa.Un momento muy ‘bricolaje extremo’: la instalación eléctrica a punto de reventar, el mueble cubierto de polvo y yo con cara de ‘aquí se acaba mi contrato de alquiler… ¿y si finjo que es un experimento científico?’.
Al final sobrevivimos los dos: yo con un máster involuntario en bricolaje extremo, y el mueble con un aspecto mucho más digno. El cambio fue radical:Lo pinté en negro mate, tan digno que parece sacado directamente del salón de la Familia Addams., mantuve la tapa en madera natural (un guiño a sus orígenes) y le añadí tiradores de concha en latón con acabado bronce, porque hasta los muebles se merecen joyas nuevas cuando vuelven a escena. El acabado mate en el color, más una generosa capa de barniz satinado Eco en la tapa, lo transformaron en algo sólido y elegante.
De verdad que cada vez que lo miro pienso: si sigue así, va a necesitar un currículum con foto de todas sus vidas pasadas.
Cuando me mudé, este baño era… digamos que un homenaje a los años 70, pero en su peor versión. Baldosas marrón con brilli-brilli de grasa acumulada, radiador de color blanco-amarillento con sus florecitas de óxido aquí y allá, y como guinda: dos lavabos. Porque claro, ¿quién no sueña con tener dos pilas para poder fregar los platos del fregadero cuando el de la cocina se queda pequeña o todavía no la tienes instalada?
Nota: estas imágenes muestran cómo estaba el baño al mudarme.
El baño funcionaba al principio como almacén de cocina improvisado. Entre los platos secándose en una estantería y un mueble en medio bloqueando el paso, entrar era una especie de gincana. Para ir a ducharte tenías que sortear un perchero de toallas, la basura, un mueble y rezar para que el gato no hubiera decidido instalarse con sus boles en plena puerta.
En resumen: espacio cero zen, cero spa, cero digno de foto en Instagram. Más bien un capítulo piloto de “Cuartos de baño que necesitan exorcismos”.
Pero ojo: bajo toda esa capa de horror había potencial. El baño tenía luz natural, ventana grande con vistas verdes, y bastante espacio para jugar. Solo había que arremangarse, respirar hondo… y aceptar que esto no iba a ser un “weekend project”, sino una reforma por fases, que duraría unos meses.
Aprende paso a paso cómo hacer Portavelas naturales y artesanales con madera, de forma creativa, sostenible y así dar nueva vida a la madera.
Hoy os comparto un proyecto de reciclaje creativo que nace, como siempre, de una mezcla entre casualidad, basura ajena y preguntas existenciales a trozos de madera.
Todo empieza con unos tronquitos que encontré en la orilla de un lago. A simple vista no valían ni para prender la barbacoa, pero (como suelo hacer con todo objeto que se cruza en mi camino) me detuve un segundo y les pregunté: “¡Ey, y tú, qué quieres ser?”. Obviamente, no respondieron. Y si lo hubieran hecho, ya estaría redactando esto desde una institución psiquiátrica. Pero como no dijeron nada, acabaron en mi mochila.
Junto a ellos, también recogí basura (porque el planeta no se limpia solo). Me gusta pensar que, si recojo la lata de cerveza de otro, ese otro volverá al lago y dirá: «Mira qué limpio está todo», justo antes de tirar otra lata. Pero bueno, un paso es un paso.
Ya en casa, extendí sobre la mesa todo el arsenal de madera con potencial decorativo. Cubiertos de barro, musgo y dudas existenciales. Tras una buena inspección ocular, lo vi claro: serían unos portavelas. De esos que luego te intentan vender por 30 euros bajo el nombre de «acento rústico artesanal».
En grietas profundas, un destornillador fino fue mi aliado para quitar madera suelta.
Esa soy yo, limpiando madera un sábado por la tarde, mientras ahí fuera la gente tenía planes de vida. Así empezó mi viaje de transformación que nadie pidió… y que me dejó la espalda hecha un ocho.
Cuando crees que estás lijando una rama… pero en realidad estás excavando un fósil.
Esta parte del proceso es ideal para inspirarte si alguna vez has pensado: “esto está demasiado asqueroso como para ser decorativo”… porque no lo está.
Usé cepillos de dientes viejos para eliminar el barro y restos de tierra y terminé con pincel seco para sacar todo resto pegado en recovecos, igual que una paleontóloga, limpiándole los dientes a un dinosaurio.
Apliqué cera natural para hidratar la madera, porque hasta los troncos merecen su momentito Spa y un poco de amor post-trauma flotante.
(Por una vez, no toqué nada. Y eso ya es decir mucho.)
Renovar, reciclar y dar estilo a tus muebles con el toque DIY que tu hogar necesita.
Convierte ese mueble olvidado en una pieza con estilo. Solo necesitas una lija, algo de paciencia y este post.
Hace poco, mientras deambulaba por una app de segunda mano buscando cosas que probablemente no necesitaba (spoiler: sí las necesitaba), encontré un pequeño milagro: dos muebles de madera maciza con cajones de mimbre por CINCO EUROS. Sí, ambos. Es el tipo de compra que te hace sentir moralmente superior a quien sigue pagando precio completo.
Uno de ellos, con cuatro cajones y toda la estética de una telenovela de los 90, fue mi víctima elegida.
Mi brillante plan:
Dejar la tapa al natural porque soy rústica y trendy,
Pintar el resto en negro mate porque elegancia minimalista,
Mantener los cajones de mimbre como están porque pereza, pero con estilo.
Un mueble con pasado traumático, ratán torcido y barniz satánico.
La típica ganga de segunda mano con más aura de superviviente que de diseño, perfecto para esconder calcetines huérfanos y secretos oscuros.
Empuñé una lijadora de banda como si supiera lo que hacía. El barniz estaba tan bien puesto que casi lo dejo como “pieza conceptual”. Pero no. Persistí. Después, pasé una lija más fina para “afinar la superficie”, lo cual es código para: intentar que la madera no parezca atacada por castores rabiosos.
Usé una lijadora tipo mouse. No el roedor. La parte inferior también necesita amor, porque si no la preparas bien, la pintura se escapa como tus expectativas vitales pasados los 50.
Repasé por las patas y estructura para crear una mejor adherencia a la nueva pintura
Después del festival de polvo, aspiré como si estuviera en una competencia doméstica profesional. Luego pasé un trapito húmedo, no porque sea la mas limpia, sino porque odio volver a repetir cosas.
Aplicar tapaporos es básicamente un facial para madera. Lijar abre los poros, así que el tapaporos es como ese tónico que nunca usas.
Agitas, aplicas, lijas, limpias, repites. Todo para que el barniz no entre en pánico existencial.
Importante: Si el mueble va al baño (como en mi caso), este paso es clave para que no se desintegre en la próxima ducha caliente.
Nota: busca tapaporos a base de aceites naturales, utiliza siempre productos respetuosos con el medio ambiente y que su huella de carbono sea ínfima.
Usé barniz al agua, porque soy tan eco-consciente que hasta el aire me da las gracias.
Usé barniz de acabado semimate.
Bajo en olor, bajo en culpa ecológica. Lo apliqué con la delicadeza de un monje tibetano y la obsesión de alguien que ha visto demasiados videos de reformas en Instagram.
El truco: no apoyar nada en la superficie durante dos días. Incluido tu café, tu gato o tus ilusiones.
Laca al agua, aplicada con rodillo y pincel.
Dos capas, cero brillos, mucho carácter.
Negro mate: porque nada dice “tengo mi vida bajo control” como un mueble completamente pintado de oscuridad estilizada.
Es el equivalente decorativo a llevar gafas de pasta y decir que escuchas vinilos.
De mueble abandonado a pieza funcional con carácter en el baño.
Un mueble así en tienda te cuesta un riñón y media dignidad. Yo lo logré con lijas, paciencia y una saludable dosis de autoengaño.
Y todo por menos de 20 euros! Lo cual es bueno, porque ese dinero lo necesitaba para pagar el barniz… y la terapia después de lijar durante mas de dos horas.
¿Te animas?
No necesitas ser profesional, ni rica, ni tener un garaje lleno de herramientas. Solo necesitas algo de tiempo, una lijadora (robada a tu cuñado o prestada), y las ganas de hacer que un mueble viejo tenga una segunda oportunidad sin acabar convertido en leña emocional o quizá puedes seguir comprando muebles en serie de esos que tiemblan si les hablas mal… tu eliges.






Sorteo de una lijadora tipo mouse entre los primeros 100 suscriptores. Sí, de las que lijan madera, no tus nervios
Si sueñas con renovar tu aseo sin meterte en reformas eternas ni vaciar tu cuenta bancaria, estás en el lugar adecuado. Aquí comparto cómo transformar un espacio pequeño y olvidado en uno funcional, acogedor y con estilo, usando materiales accesibles y mucha creatividad.
Hace poco decidí enfrentar un reto que la mayoría esquiva con la misma agilidad con la que ignora un email del banco: reformar un aseo pequeño.
Sin obras. Sin dramas en la sección de bricolaje. Y lo más difícil: sin dejar mi cuenta en números rojos, ni tirar de tarjeta de crédito .
¿Milagro? Ojalá. Solo una mezcla de testarudez, creatividad de emergencia y una resistencia férrea a seguir compartiendo mi vida con azulejos con trauma setentero y un radiador con actitud.
Y da igual si vives de alquiler o si eres propietario pero tu presupuesto para reformas compite con el de una bolsa de patatas.
El punto es el mismo: estás hart@ de mirar ese baño y sentir que esas 4 paredes te están juzgando.
La respuesta es sencilla:
Porque yo lo uso, yo lo miro, y mi paz mental también merece azulejos que no te transporten directamente al aseo de una gasolinera con vocación de ultratumba. Aunque sea paz mental en un aseo de 2 m².
No necesitas grandes obras, solo un poco de pintura y tiempo.
Mejorar un espacio —aunque sea prestado— también mejora tu cabeza. Y créeme, pocas cosas influyen más en tu bienestar que no sentirte emocionalmente atacado por tu propio inodoro
El aseo del horror.
El mío era un espectáculo visual no apto para mañanas sin café:
Azulejos color trauma setentero,
Un radiador oxidado que parecía emitir gas pasivo-agresivo.
Y una iluminación que sólo podía describirse como “triste”.
Reformar sin dinero ni permiso de obra era el único camino.
Plan de acción: Low cost, sin obras y con dignidad decorativa:
➤ Pintura para azulejos: 70 €
(Y me sobró para la próxima víctima decorativa: el baño principal. Existen botes más pequeños, pero no soy esa persona).
➤ Pintura pared verde selva (pintura a la cal, eco-friendly): 12 €
(Oscura, intensa y emocionalmente estable).
➤ Spray negro mate a base de agua, ecológico y vegano: 12 €
(Usado en espejo DIY con gravilla callejera + enchufes, colgadores, papelera… y cualquier cosa que me mirara raro).
➤ Repisa de madera para la ventana: 8 €
(+6 € de barniz que también me acompañará en futuros proyectos de madera con propósito).
➤ Toques de madera (listones + pegamento de montaje): 13 €
(Sobrará para seguir pegando cosas que antes colgaban por fe).
➤ Zócalo rodapié + cinta de carrocero: 9 €
(La cinta aún vive pegada en algún rincón, como los errores que uno comete con fe y prisa).
➤ Pintura para radiador: 9 €
(Materiales humildes, resultados brillantes. Literalmente).
➤ Tapa del WC de bambú: 30 €
(Porque sí, porque yo lo valgo. Y mi trasero también).
➤ Estanterías y accesorios varios: 30 €
(Gracias, ofertas. Gracias, destino decorativo).
➤ Suelo reciclado (tarima sobrante): 0 €
(Colocado con amor y ligera inclinación existencial).
Y ni una lágrima derramada en la sección de reformas.











Sorteo de una lijadora tipo mouse entre los primeros 100 suscriptores. Sí, de las que lijan madera, no tus nervios.
Mientras tanto, puedes encontrar el contenido ordenado y funcional en la página de Categorías —que al menos sí tiene la decencia de estar terminada .
En breve, este caos estará bien organizado.
Gracias por tu paciencia (y tu curiosidad decorativa).

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